Sobre Gabor: Por qué hicimos esta película, por Sebastián Alfie

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Al conocer a Gabor comprendí que su historia era demasiado interesante como para no ser contada. Un director de fotografía que se queda ciego no sólo es una broma cruel del destino, también es una metáfora en sí misma. Luego, al tratarlo, me di cuenta de que más allá de sus circunstancias excepcionales, de su lucha de superación, había en Gabor una personalidad rica y compleja. Y me propuse mostrarla de la manera que, creo, sirve para conocer mejor a una persona: trabajando juntos, filmando.

Gabor Bene no sólo perdió la vista hace diez años, en ese mismo momento también perdió su herramienta de trabajo y su sustento. Sin embargo, en vez de abandonarse a la autocompasión, salió adelante con una fórmula infalible: riéndose de sí mismo. En Los abrazos rotos el personaje del director dice “ya me quedé ciego, ¿qué es lo peor que me puede pasar ahora?. Esta es la filosofía de Gabor y es este es el subtexto que recorre esta película de punta a punta.

Por ejemplo, como dice Gabor refiriéndose a su nueva actividad de alquiler de cámaras: “no te asombres de un director de fotografía ciego…a mí me toca trabajar con varios”. O, quejándose de lo rápido que se desvalorizan los equipos en los que invierte: “si lo sé me hago anticuario”.

El cine sobrevoló nuestras charlas todo el tiempo. Gabor vio su última película hace diez años. Su memoria le permite recordar escenas, y como ocurre en estos casos, al perder la vista mejoró considerablemente el acceso a su memoria visual. Esta particularidad me dio la idea de hacer un juego, de hecho lo hicimos en uno de nuestros primeros encuentros: yo proyectaba una película y a partir de lo que iba escuchando, Gabor me iba describiendo lo que recordaba de cada escena. Acertaba, muchas veces con lujo de detalles. Ejerciendo un fino sentido de crítica cinematográfica, las escenas que no podía describir plano a plano se debían, según Gabor, a que “no serían esenciales para la película”. Y la mayoría de las veces estaba en lo cierto.

Apareció frente a mí el personaje en toda su dimensión. Gabor no sólo era un director de fotografía que se quedó ciego. Es una persona con una gran preparación, con una posición filosófica y política, fruto de haber estudiado cine y fotografía en una época y en un lugar en los que tener una cámara en la mano implicaba querer decir algo. Y algo que, desde luego, podía costar muy caro.

Durante una charla Gabor me recomendó “El maestro y Margarita” del escritor soviético Bulgakov. Hay un dato sobre este libro que me resultó muy significativo: el manuscrito de esta novela se quemó y Bulgakov tuvo que escribirla de nuevo, de memoria. Pensé que si un escritor podía escribir una novela de memoria, quizás un director de fotografía podía hacer lo mismo, filmar desde su memoria. Me propuse hacer avanzar la historia con una pregunta por lo menos insólita: ¿podría Gabor volver a participar en el equipo de un proyecto cinematográfico?

Además de tratarse de alguien con una gran memoria cinematográfica y con muchos conocimientos técnicos, yo sospechaba que si encontrábamos la manera de integrarlo en nuestro equipo, cuando abriéramos esa puerta me encontraría con un gran caudal de energía y amor por el trabajo, capaz de inspirarnos a todos. Y así fue. Con la diferencia que fue él quien nos integró a nosotros en su equipo.

En ese momento, frente al desafío del día a día de un rodaje complicado, como es rodar en el altiplano boliviano, a 4000 metros de altura, pasó algo muy satisfactorio y que yo íntimamente deseaba: todos los del equipo dejaron de ver a Gabor como un invidente y pasaron a aceptarlo como un colaborador, alguien valioso para avanzar por este terreno, desconocido para todos salvo para él.

Fue un día muy especial para todos. Y como dijo Gabor, volver a filmar fue “como estar en casa… mejor que estar en casa”. Sebastian Alfie

Gabor, de Sebastián Alfie tendrá su estreno argentino en el 28º Festival Internacional de Cine de Mar del Plata, del 16 al 24 de noviembre. Más información en la página de Facebook del film. 

Margarita no es una flor : tras los pasos de Ema Cabral


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La directora Cecilia Fiel se embarca en la investigación sobre la vida de Ema “Pelusa” Cabral, trabajadora de la salud y militante montonera, fusilada en la masacre de Margarita Belén, provincia del Chaco, el 13 de diciembre de 1976. La versión militar construyó la masacre bajo la figura del enfrentamiento. El relato decía que mientras un grupo de  montoneros era trasladado hacia una cárcel de mayor seguridad, la Unidad 10 de Formosa, un convoy comandado por Ema, asaltó la columna para salvarlos. Pero hoy se sabe que se trató de un fusilamiento.

Para deconstruir la versión militar y construir la propia, la directora viajó a Santa Fe para entrevistar a Delfina, la madre de Ema, quien le brindó un retrato íntimo de su hija, de su trabajo como terapista ocupacional, de su militancia, su pase a la clandestinidad y su huida hacia el Chaco con su marido, Reinaldo Zapata, también militante montonero. Así llega a un abogado que comienza a investigar sobre los fusilamientos en 1977. Él revela detalles sobre la masacre donde murieron líderes de la izquierda revolucionaria de las seis provincias del noreste argentino.

Aunque no hay certezas sobre la detención y desaparición de Ema, sí hay indicios de que fue  secuestrada durante el mes de noviembre en la ciudad de Corrientes, y de que Ema y Reinaldo dieron hospedaje a un infiltrado, el Oficial Lito, cuyo nombre verdadero  era José Luis Aspiazu. El infiltrado delató a la pareja y a su círculo cercano, y frustró operaciones. Enterados de esto, Montoneros lo ajusticia.

A medida de que el terrorismo de estado y la resistencia se acrecientan, Ema y Reinaldo deben separarse y dejan a su beba al cuidado de la abuela Delfina. El 2 de noviembre de 1976 las fuerzas represivas capturan a Reinaldo,  y lo trasladan a la Brigada de Investigaciones de la Policía del Chaco. Días después, él y un grupo de presos es trasladado a la Alcaldía de Resistencia, mientras otros son llevados a la Unidad 7 de dicha ciudad: el dispositivo de la masacre ya estaba en marcha. La detención de Ema se produce dos semanas después, y es vista por última vez en la Alcaidía de Resistencia.

En la masacre ocurrida el 13 de noviembre de 1976, son fusilados 22 presos políticos. Algunos son enterrados clandestinamente en el cementerio San Francisco Solano de Resistencia, en una fosa común. Pero otros continúan desaparecidos. Como Ema y su marido.

TRAS LOS PASOS DE EMA Y LA MEMORIA DE MARGARITA BELEN

El nombre de “Ema” siempre le generó fascinación a la directora: hay algo en esa mujer que la lleva a querer reconstruirla y a saber cómo desapareció, y qué pasó con su cuerpo. Frente a la ausencia de fotografías, de objetos personales, de su cuerpo, sólo puede imaginarse cómo habrá sido esa mujer.

La investigación en el pueblo de Margarita Belén lleva hasta el ex conscripto Alfredo Maidana, testigo directo de la masacre, quien niega haber estado en el momento del fusilamiento y prefiere no dar su testimonio a cámara. Pero Maidana publicó su biografía donde se cuentan detalles de la masacre. Un chacarero de la zona fue clave en la historia: pasó por el siniestro lugar minutos después, para pastar a su ganado. Él ayuda a armar la escena de tragedia, en el mismo lugar de los hechos. En mayo de 2012 y tras un largo juicio en los tribunales de Resistencia, los ocho militares acusados por el crimen reciben cadena perpetua por los fusilamientos.  Aún con secretos sin revelar (como el paradero del cuerpo de Ema), las condenas abren una nueva instancia para el pueblo de Margarita Belén, y en especial para los familiares de las víctimas.

Margarita no es una flor, opera prima de Cecilia Fiel, tendrá su estreno absoluto en el 28º Festival Internacional de Cine de Mar del Plata, del 16 al 24 de noviembre. Más información en el Facebook del film.